¿Desde cuándo una oposición tiene la responsabilidad, estamos locos?
UGT y CCOO descubren la huelga cuando llegan las elecciones después de 8 años participando activamente con Pedro Sánchez y Yolanda Diaz, temen perder las suculentas subvenciones económicas de la izquierda
La respuesta corresponde a UGT y CCOO. La pregunta corresponde a todos. Será que las suculentas subvenciones económicas de la izquierda están en peligro si gana la derecha?.
AGENCIA MANACORNOTICIAS 07/10/2026 - 08:46:58
Se trata de algo mucho más sencillo: la misma vara de medir. Si la vivienda era un problema hace ocho años, ¿por qué no hubo entonces una huelga general?. Si los salarios no alcanzaban

UGT Y CCOO DESCUBREN LA HUELGA CUANDO LLEGAN LAS ELECCIONES. Ocho años sin huelgas generales contra el Gobierno y ahora recuperan la movilización a pocas semanas de las urnas. Hay momentos que hablan por sí solos. UGT y CCOO han decidido recuperar la huelga general. No lo hacían desde 2012. Y lo hacen ahora, después de años de Gobierno socialista y cuando España entra de lleno en un escenario electoral. La pregunta es inevitable: ¿por qué ahora?. La vivienda es un problema. Nadie puede negarlo. El precio de los alquileres, el acceso a una vivienda y la dificultad de los jóvenes para emanciparse son problemas reales que requieren respuestas políticas. Los sindicatos tienen todo el derecho a movilizarse para exigirlas.

Pero una cosa es el problema y otra la oportunidad política de la movilización. Porque durante aproximadamente ocho años de Gobierno de Pedro Sánchez han existido inflación, pérdida de poder adquisitivo, dificultades para acceder a una vivienda y conflictos laborales. Sin embargo, UGT y CCOO no convocaron una huelga general como la que ahora plantean. Las dos últimas huelgas generales respaldadas por estas organizaciones se produjeron en 2012, contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Y ahora, cuando faltan semanas para unas elecciones generales, la maquinaria sindical vuelve a ponerse en marcha.

Ocho años de problemas de vivienda. Ocho años de dificultades para miles de familias. Ocho años sin una huelga general de UGT y CCOO contra ese Ejecutivo. Y ahora, con las urnas a la vista, aparecen

Oportunidad política, interpretarán otros. Lo que nadie puede negar es la coincidencia temporal. Pero hay algo todavía más llamativo. La movilización no se dirige exclusivamente contra quien gobierna. Una parte fundamental del discurso sindical apunta contra los partidos de la oposición por haber rechazado determinadas medidas de vivienda impulsadas por el Ejecutivo. Y aquí aparece la gran paradoja: una huelga general que debería servir para presionar al poder termina convirtiéndose también en una herramienta de presión contra quienes no gobiernan.

¿Desde cuándo una oposición tiene la responsabilidad de ejecutar las políticas del Gobierno?. Los sindicatos pueden criticarla. Pueden denunciar sus decisiones parlamentarias. Pueden exigirle que apoye determinadas leyes. Todo eso forma parte del juego democrático. Pero resulta extraordinariamente llamativo que, después de años sin huelgas generales contra el Ejecutivo, la protesta reaparezca cuando la oposición puede convertirse en alternativa de Gobierno.

Ahí está el verdadero debate. No se trata de discutir si los sindicatos tienen derecho a hacer huelga. Lo tienen. No se trata de negar que exista un problema de vivienda. Existe. Se trata de algo mucho más sencillo: la misma vara de medir. Si la vivienda era un problema hace ocho años, ¿por qué no hubo entonces una huelga general?. Si los salarios no alcanzaban para pagar los alquileres, ¿por qué no se paralizó el país?. Si los jóvenes no podían emanciparse, ¿por qué no se movilizó entonces toda la estructura sindical?.

Y si todo aquello no justificaba una huelga general, ¿qué ha cambiado exactamente ahora?. Porque los problemas sociales no aparecen de repente el día que se convocan elecciones. Y tampoco desaparecen cuando gobiernan los partidos políticamente próximos. Ese es el punto que UGT y CCOO deberían explicar con absoluta claridad. La independencia sindical no consiste en decir que se es independiente. Consiste en comportarse como tal. Un sindicato debe ser incómodo para cualquier Gobierno cuando considera que los trabajadores están perjudicados. Debe exigir a todos. Debe protestar contra todos cuando corresponda. Debe mantener la misma intensidad independientemente de quién ocupe La Moncloa. Porque si la movilización cambia de intensidad dependiendo del color político del Gobierno, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse dónde termina la reivindicación laboral y dónde comienza la estrategia política.

Y esa pregunta no la plantean solamente quienes critican a los sindicatos. La propia secretaria general del PSOE andaluz, María Jesús Montero, calificó de "inédita" la situación por convocarse la huelga contra la oposición. Es decir, hasta dentro del propio espacio político del Gobierno se reconoce que estamos ante una situación poco habitual. La paradoja está servida. Ocho años de Gobierno. Ocho años de problemas de vivienda. Ocho años de dificultades para miles de familias. Ocho años sin una huelga general de UGT y CCOO contra ese Ejecutivo. Y ahora, con las urnas a la vista, aparece la huelga. Que cada ciudadano saque sus conclusiones. Pero que nadie pretenda que la prensa, la oposición o los ciudadanos miren hacia otro lado y no se hagan preguntas. Porque la democracia no consiste únicamente en votar. También consiste en preguntar. Y ésta es una pregunta perfectamente legítima: ¿Por qué los sindicatos recuperan ahora una herramienta que mantuvieron guardada durante ocho años?. La respuesta corresponde a UGT y CCOO. La pregunta corresponde a todos. Será que las suculentas subvenciones económicas de la izquierda están en peligro si gana la derecha?.

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